Editorial septiembre 2018

Nov 12 2018

Editorial septiembre 2018

El vandalismo, un coste más en la celebración de las fiestas

¿Qué pasa por la cabeza de algunos jóvenes que no saben disfrutar si no realizan algún acto vandálico contra mobiliario urbano, señales de tráfico, papeleras, pistas deportivas,…?

Alcohol y drogas son malos compañeros para celebrar las fiestas y algunos jóvenes solamente saben divertirse a altas horas de la mañana durante esos días festivos rompiendo y destrozando todo aquello que suponga un bien público, que recordemos, cuya reparación pagamos todos con nuestros impuestos y es dinero que los Ayuntamientos tienen que sacar de otras partidas presupuestarias. En definitiva, se dejan de hacer cosas para poder arreglar los destrozos causados.

Es necesario tomar medidas sancionadoras más duras contra los actos vandálicos, además de intentar buscar la manera de poder reconocer a quienes se “divierten” rompiendo lo que es de todos a través de sistemas de vigilancia electrónicos que disuadan a estas personas de destrozar lo que consideran que no es suyo.

La educación cívica no es responsabilidad de las instituciones, sino que corresponde al ámbito familiar; tanto en el concepto de urbanidad como en la educación en valores que deben adquirirse desde la cuna. Pero cuando falla parcialmente ese proceso de formación, es deber ineludible de las autoridades subsanar el defecto mediante la imposición de normas que rectifiquen comportamientos desviados, nocivos y onerosos para la población normal. Tan sencillo como cumplir y hacer cumplir lo legislado mediante sanciones proporcionadas pero suficientes para disuadir de la reincidencia.

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